Especulaciones químicas con Arduino

El martes 19 de mayo fuimos a Puchuncaví. Más específicamente a Los Maquis y Los Maitenes, dos localidades rurales de la comuna. La pluma tóxica del centro industrial sube por el valle, y a Los Maquis y Los Maitenes les toca la peor parte, sobre todo a ésta última. De hecho, al llegar desde Nogales nos espera la famosa nube puchuncavina, mitad vaguada costera, mitad contaminación, que los vecinos reconocen como la entidad ubicua que envuelve químicamente sus vidas.

Entrada a Los Maquis, martes 19 de mayo 2015, 11:00.

Entrada a Los Maquis, martes 19 de mayo 2015, 11:00.

El martes fuimos a conversar con vecinos. Queríamos saber más de sus plantas y árboles, de sus tierras y aguas; queríamos saber cómo la contaminación ha cambiado sus prácticas hortícolas, cómo han mutado los crecimientos, colores, maduraciones, sabores y olores de los vegetales que cultivan y cuidan. Fueron conversaciones muy interesantes. Tierras cada vez más delgadas, la desaparición de las lentejas, nubosidades azuladas (i.e. tóxicas) que sólo se ven a contra-sol, plantas que se queman durante la noche y frutas que salen abundantes pero sin sabor fueron algunos de los temas que aparecieron, así como el abandono de la práctica campesina por parte de los más jóvenes en la zona, la sequía que crece año a año y todo lo que ha mejorado el ambiente con los ‘sombreros’ que le han puesto a las chimeneas.

Paltos en Los Maquis

Paltos en Los Maquis

Pero el martes también hicimos especulaciones químicas. Gracias a la creatividad de José Miguel, llevamos un DustDuino, un sensor de PM2,5 y PM10 que funciona en base a Arduino, un computador open-source de bajo costo altamente flexible. La gracia de este monitor de material particulado es que en total no salió más de USD100 (unos $60.000), cuando los dispositivo en tiempo real que generalmente se usan valen cerca USD10.000.

DustDuino trabajando en Los Maitenes.

DustDuino en Los Maitenes

En otro posteo podemos hablar de los resultados de estas mediciones experimentales con tecnologías ‘Do It Yourself’. Lo que fue muy significativo en esta primera exploración fue la avalanche de preguntas y especulaciones que el DustDuino le abrió al equipo: ¿y qué pasaría si dejáramos DustDuinos en cada Junta de Vecinos o escuela a lo largo del valle de Puchuncaví? ¿Qué sucedería si cada localidad pudiese producir sus propios datos químicos? Y si esto se implementara, ¿qué hacer con esta información, cómo hacerla visible y accionable? ¿Qué tipo de interacción política entre estos ciudadanos y los técnicos de ministerios, empresas y universidades se establecería? ¿Y si re-escalaramos el experimento a nivel de hogares, o sea cada familia haciendo sus mediciones domiciliarias, qué pasaría? ¿Qué sucedería con los Planes de Descontaminación? ¿Cómo encajar la posibilidad de disenso técnico en temas de gestión medioambiental? ¿Está preparado el Ministerio de Medioambiente, Codelco o la municipalidad de Puchuncaví para que los vecinos desafíen técnicamente sus mediciones y normas? ¿Cómo habría que (re)pensar la ‘participación ciudadana’ en este escenario?

En fin, una serie de preguntas que nos tienen muy entusiasmados.

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